Hay una fuente cuyos raudales

Hay una fuente cuyos raudales
Las venas nutren del Salvador;
Bañado en ellos se encuentra limpio
De sus pecados el pecador.

El moribundo ladrón, tal fuente
Vio en sus angustias, y se gozó;
Cual él impuro, lavadas veo
También mis culpas en ellas yo.

Su fuerza activa, manso Cordero,
Perder tu sangre podrá jamás,
Hasta que toda la Iglesia tuya
Salvada sea y no peque más.

Desde que viera por fe tu sangre
En abundancia por mí correr,
De mis cantares tu amor el tema
Fue, y mientras viva tendrá que ser.

Y cuando muda, deshecha en polvo,
En el sepulcro mi lengua esté,
Tu poderío que me ha salvado
Con nuevo canto celebraré.

Que estoy seguro me has preparado,
Aun cuando indigno de tanto don,
Un premio eterno con tus dolores,
Y un arpa de oro de dulce son.

Para infinitos siglos templada
Cual instrumento divino está;
Y en los oídos de Dios el Padre
Sonar tan sólo tu nombre hará.
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