Bendice, oh alma mía

Bendice, ¡oh, alma mía!,
A tu Señor benigno,
Pues con el más indigno
Ejerce su piedad.

Sus muchos beneficios
No olvides, alma mía,
Mas, con gratitud pía,
Celebra su bondad.

Él todos tus pecados
Perdona; Él con dulzura
Tus males todos cura,
Médico celestial.

Rescata Él tu vida
De muerte que la afea;
Y Él te ciñe y rodea
De clemencia y piedad.

Él llena tus deseos
Con sus bondades pías;
Renueva, sí, tus días
Como el águila real.
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