Ya ves, Señor, que soy un peregrino

Ya ves, Señor, que soy un peregrino
Necesitado que ando por la tierra;
Enséñame el camino de mi patria
Y pnme con tus manos en las sendas.

Tan sólo tú, Señor, salvarme puedes
De los continuos riesgos en que yo ando;
Y salvarásme tú, porque tú eres
El Salvador de quien mi bien aguardo.

Muéstrame tus caminos siempre rectos,
Enséñame tus reglas y mandatos,
Instrúyeme en tu ley, y que ella sola
Mi voluntad encamine y mis pasos.

La ley de Dios es pura y sin mancilla,
De todos puede convertir las almas,
Su testimonio es fiel, y hasta a los niños
Su ciencia da tan alta y soberana.

Son tan seguras, Señor, tus palabras,
Tan invariables son y duraderas
Como los cielos que, por su constancia,
Nos dan ejemplo de su gran firmeza.
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