Tú dejaste tu trono

Tú dejaste tu trono
Y corona por mí,
Al venir a Belén a nacer;
Mas a ti no fue dado
El entrar al mesón,
Y en pesebre te hicieron nacer.

Ven a mi corazón, oh Cristo,
Pues en él hay lugar para ti;
Ven a mi corazón, oh Cristo, ven,
Pues en él hay lugar para ti.

Alabanzas celestes
Los ángeles dan,
En que rinden al Verbo loor;
Mas humilde viniste
A la tierra, Señor,
A dar vida al más vil pecador.

Ven a mi corazón, oh Cristo,
Pues en él hay lugar para ti;
Ven a mi corazón, oh Cristo, ven,
Pues en él hay lugar para ti.

Siempre pueden las zorras
Sus cuevas tener
Y las aves sus nidos también;
Mas el Hijo del Hombre,
No tuvo lugar
En el cual reclinara su sien.

Ven a mi corazón, oh Cristo,
Pues en él hay lugar para ti;
Ven a mi corazón, oh Cristo, ven,
Pues en él hay lugar para ti.

Tú viniste, Señor,
Con tu gran bendición,
Para dar libertad y salud;
Mas con odio y desprecio
Te hicieron morir,
Aunque vieron tu amor y virtud.

Ven a mi corazón, oh Cristo,
Pues en él hay lugar para ti;
Ven a mi corazón, oh Cristo, ven,
Pues en él hay lugar para ti.

Alabanzas sublimes,
Los cielos darán
Cuando vengas glorioso de allí;
Y tu voz entre nubes
Dirá: ven a mí,
Que hay lugar junto a mí para ti.
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Ven a mi corazón, oh Cristo,
Pues en él hay lugar para ti;
Ven a mi corazón, oh Cristo, ven,
Pues en él hay lugar para ti.

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